El rey David hizo de la ciudad de Jerusalén la capital del Reino de Israel y enseñó a sus hijos a entregarle todo su amor; y fue así que su hijo heredero el rey Salomón, el sabio, entregó a ella todo el esplendor y transmitió a sus súbditos ese amor por la ciudad de su padre, enclavada en los montes de Yehuda, tan cercana al Mar Muerto como al Mediterráneo, al desierto del Neguev y a los fértiles valles del norte que colindan con las alturas del Golán.
Los imperios del pasado tuvieron muchas ciudades importantes.
Las del Imperio Babilónico, de las que sólo se recuerda su torre y sus jardines. En el Imperio Persa hubo ciudades importantes pero … ¿quién sabe de ellas? Pues de ellas no sobrevivieron ni sus vibraciones. Las del Imperio Griego, Atenas y Esparta, existen y son destinos turísticos para ver sus ruinas. De las del Imperio Romano quedó la ciudad de Roma, vestigio vivo de uno de los más grandes imperios ya desaparecido como los otros, y de Constantinopla: ¿quién se acuerda de ella con lo poderosa que fue?
Muchas ciudades del planeta nacieron y desaparecieron. Algunas fueron cubiertas por la tierra; otras destruidas por las guerras y no volvieron, desaparecieron en las sombras del tiempo y del espacio y hasta borradas de los libros de historia universal pues no hubo quién encontrara justificación para escribir sobre ellas.
Jerusalén es la capital del Estado de Israel, tal como fuera en la época del rey David. Es una ciudad que mezcla su cara moderna de acuerdo a nuestra época sin desentonar con las murallas que bordean la milenaria ciudad que en su interior cobija los preciados elementos de las principales religiones del mundo: la Iglesia del Santo Sepulcro y la Vía Dolorosa para los cristianos en sus diferentes denominaciones, las mezquitas de Omar y El-Aksa para los musulmanes, y para los judíos ¿qué nos ha quedado? Y con ello nos conformamos: el Muro de los Lamentos y demás restos del Templo que van siendo rescatados por los arqueólogos poco a poco.
¿Y cómo pasó que tantas religiones aman a Jerusalén, la ciudad de David?
Muchos hombres y mujeres del pueblo judío llegaron a creer que era bueno difundir la religión judía por el mundo y se lanzaron a su manera y con diferentes ideas a enseñar las buenas noticias que entregó D-s al Pueblo de Israel en el Monte Sinaí y que transmitirlas sería bueno para los seres humanos en general que las comprendieran y las practicaran y fue así que también se transmitió el amor que tenemos los judíos por Jerusalén a estos pueblos que recibían ávidos los conocimientos de la Torá oral y escrita. Es asi que comenzaron a sentir pasión por la ciudad de David.
Jerusalén fue destruida, y no sólo una vez, pero así también fue reconstruida tantas veces. Los babilonios llegaron y destruyeron; los romanos llegaron y destruyeron y en el lugar del Santo Templo construyeron su templo pagano que les sirvió para adorar a sus dioses; los cruzados llegaron y en el mismo lugar construyeron su Iglesia, y por último los musulmanes llegaron y destruyeron lo que los cruzados hicieron para hacer dos mezquitas sobre el mismo monte. Sin embargo llegaron los judíos de todo el mundo para hacer de ella la capital del Estado de Israel, pero en esta ocasión no destruyeron ningún santuario existente, y aún más, se les respeta y ayuda para que las mantengan funcionales al buen criterio de cada uno de ellos.
La historia del cuento de Jerusalén no gusta a sus amantes que termine aquí, pues los musulmanes la quieren para ellos nuevamente y aunque no tenga el valor de La Meca, ellos están dispuestos a matar y morir para volver a destruir lo construido por los judíos. Dicen que quieren que también sea la capital de Palestina y hasta se habría pensado en la única increíble situación de ¡una ciudad para capital de dos Estados! Jerusalén es la capital de Israel y así lo fue, pero nunca fue capital de algún Califato. Para eso les gustó más Estambul, El Cairo, Damasco o hasta Amán y hoy quieren a Jerusalén como con un súbito amor repentino.
La Europa que se islamiza a vista y paciencia de todos con toda la tolerancia que no conocieron los judíos, calla y hasta se pone de lado de las aspiraciones islámicas por Jerusalén, capital eterna de Israel, que aún fuera de la Tierra Santa nunca olvidó su existencia y su mayor anhelo fue siempre estar, vivir y morir en Jerusalén. En la diáspora babilónica, española y en Europa en general los poetas hebreos la mencionaron en cada una de sus creaciones pues está dicho: “Si te olvidare Jerusalén que pierda yo mi mano derecha”, y es así que en nuestro libro de rezos Jerusalén es mencionada no una ni dos veces al día sino en múltiplos de diez.
Es así que cuando Teodoro Herzl en Basilea tuvo la visión de un Estado judío en la tierra de Israel con Jerusalén como su capital, se le denominó Movimiento Sionista para expresar de esa forma su amor y el de la mayoría de los judíos en el mundo en todas las épocas levantándose con la vista y su cuerpo en dirección a la ciudad de David, como si en cada día de nuestra vida sin faltar a esa cita emprendiéramos un viaje imaginario a Jerusalén con mente y corazón y es por eso que decimos: “De Sión saldrán los Mandamientos y la palabra de Dios de Jerusalén”.
Hoy como antes, esta milenaria ciudad cuyas piedras una por una son testigos o portadoras de la sangre derramada en ellas, son piedras con alma que hacen de ella un monumento a la resistencia de los sinsabores por los crímenes causados por los romanos, los bárbaros, templarios y terroristas de Fatah, Hamás, Hezbollah y Al Qaeda. Estos últimos si pudieran la volverían a destruir, pero mas allá del poder del Ejército de Defensa israelí, y contra todo, está Dios protegiendo al Estado de Israel y su capital de los “amantes” acosadores que si pudieran no dudarían un segundo en hacerla volar en miles de pedazos.

Autor: Berl Bernardo Gorgun, Tegucigalpa