Golda Meir no quiso creer las noticias. La Primer Ministra israeli habia escuchado informes de medios que la policia de Alemania Occidental habia rescatado a los atletas olimpicos israelies tomados rehenes por terroristas en Munich. Ahora Zci Zamir, titular del Mossad, estaba telefoneandole desde Alemania a las 3 a.m. para corregir ese relato. “Lo vi con mis propios ojos”, el le dijo. “Ninguno quedo vivo.”
Ese fue el fin de una debacle que habia comenzado 23 horas antes, cuando terroristas palestinos de la Organizacion Septiembre Negro irrumpieron dentro del complejo de dormitorios de la delegacion israeli para las Olimpiadas de 1972 y tomaron a 11 de sus miembros como rehenes. Fue tambien el inicio de un capitulo mucho mas largo y complicado en la saga: la extraccion metodica de venganza de Israel. Sobre los acontecimientos en Munich el 5 de septiembre de 1972, hay considerable claridad. La historia de las misiones de represalia, por otro lado, ha sido tapado por el misterio. Persiste la nocion que los israelies armaron una lista de aquellos responsables por Munich y entonces, uno por uno, los eliminaron. Pero eso es en gran medida un mito, de acuerdo a un inminente libro del periodista de TIME Aaron J. Klein, Devolviendo el Golpe: La Masacre de las Olimpiadas de Munich 1972 y la Letal Respuesta de Israel (Random House; 272 paginas). Los israelies, escribe Klein, tenian que arreglarselas para objetivos mas pequeños, matar activistas que en su mayor parte no tenian nada que ver con la Masacre de Munich y dejar vivos, hasta este dia, a algunos que estuvieron involucrados.
El espectacular Munich fue diseñado para ser exactamente eso. Septiembre Negro fue un vastago no reconocido de Fatah, la faccion de Yasser Arafat dentro de la Organizacion para la Liberacion de Palestina (OLP). Abu Iyad, el segundo de Arafat que encabezaba Septiembre Negro, mas tarde explico que la toma de rehenes tenia por objetivo “utilizar una cantidad sin precedentes de medios de noticias en una ciudad para exhibir la lucha palestina– para mejor o para peor!”La seguridad era laxa en la Villa Olimpica. Llevando trajes deportivos, ocho hombres treparon por una barrera de 6 pies que rodeaba la Villa a las 4:10 a.m. Armados con AK-47s, ellos rodearon a los 11 atletas, entrenadores y un arbitro israelies, disparando enseguida mortalmente a dos de ellos. Los terroristas demandaban la liberacion de 234 prisioneros de carceles israelies. Las negociaciones fueron llevadas a cabo por los israelies, pero los alemanes comenzaron a falsear unas para ganar tiempo. En la tarde, el comandante de Septiembre Negro, distinguible en su sombrero blanco, insistio que su equipo y los rehenes fuesen llevados en avion a Cairo.
Los alemanes los llevaron en helicoptero al campo aereo militar de Fürstenfeldbruck. Cuando Issa, como se auto-nombraba el comandante de Septiembre Negro, y un camarada inspeccionaron el Boeing 727 que les fue prometido, lo encontraron vacio y frio. Mientras ellos corrian de regreso a los dos helicopteros, los francotiradores alemanes sobre el techo de un edificio cercano abrieron fuego. Los palestinos dispararon a las luces sobre el asfalto, y los alemanes quedaron paralizados por casi una hora, hasta que cuatro vehiculos policiales blindados llegaron. Eso provoco que un terrorista tirara una granada dentro de un helicoptero, y otro disparara a los rehenes en el otro helicoptero. Tres agentes de Septiembre Negro sobrevivieron; Alemania los libero casi dos meses mas tarde por la liberacion de pasajeros de un avion de Lufthansa secuestrado. Prometiendo perseguir a los perpetradores de Munich, la Primer Ministra Meir establecio un proceso por el cual el titular del Mossad, la agencia de espias de Israel, podria armar el caso para un asesinato de candidatos. La Primer MInistra y miembros selectos del gabinete dirian si o no. Si era si, el golpe seria ejecutado por una unidad llamada Caesarea, llamada por algunos medios el equipo Ira de Di-s.
El primer palestino en morir fue Wael Zwaiter, ejecutado en Roma seis semanas despues de Munich. El Mossad dijo a Meir que el era titular de Septiembre Negro en Roma y habia instigado la masacre de Munich. Pero Klein, que baso su libro en gran parte en raras entrevistas con oficiales clave del Mossad involucrados en misiones de represalia, escribe que la inteligencia sobre Zwaiter no fue “corroborada y no fue entrecruzada apropiadamente. Mirando atras, su asesinato fue un error.” Los israelies, por supuesto, querian a los reales planificadores y ejecutores de Munich, pero estos se habian escondido con guardaespaldas en paises del bloque del Este y paises arabes, donde los israelies no podian alcanzarlos. Mientras tanto, activistas menores palestinos vagaban por Europa occidental sin proteccion, y asi los palestinos comenzaron a morir a manos de asesinos a traves de Europa. Los funcionarios de seguridad israeli afirmaron que estos hombres muertos fueron responsables por Munich; los pronunciamientos de la OLP hicieron de ellos figuras importantes; y asi la imagen del Mossad como capaz de dar muerte a voluntad crecio y crecio.
La idea detras de las matanzas era no solo castigar a los perpetradores de Munich sino tambien interrumpir y detener futuros actos terroristas. Para el segundo objetivo, un agente de la OLP muerto era tan bueno como cualquier otro. Klein cita a una alta fuente de inteligencia: “Nuestra sangre estaba hirviendo. Cuando habia informacion implicando a alguien, nosotros lo inspeccionabamos con lente magnificador.”
Y los perpetradores reales de Munich? Klein cree que el Mossad consiguio solo a un hombre directamente conectado con la masacre: Atef Bseiso, ejecutado en Paris en 1992. Abu Iyad, el jefe de Septiembre Negro, fue asesinado por un compañero palestino en 1991. A Abu Daoud, que comando el ataque en Munich, se le permitio, ironicamente ingresar a Israel en 1996 para que pudiera ir a la Franja de Gaza para una reunion de la OLP convocada para rescindir un articulo en su estatuto pidiendo la erradicacion de Israel. De los tres terroristas que sobrevivieron al tiroteo del campo aereo, uno murio de ataque al corazon en los ’70s. Otro, Jamal al Gashey, aparecio en el documental del 2000 Un Dia en Septiembre. El verano pasado el veterano de la OLP Tawfiq Tirawi conto a Klein que el tercero, su amigo Mohammed Safady, estaba “tan vivo como lo esta usted.”
Fuente: Time