Shema Israel – 2 de Abril de 1982 Guerra de Malvinas

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Cuatro de abril del año 1982. El avión Lockneed C-130B Hércules de las fuerzas Aéreas Argentinas partió de su base en el aeropuerto de Comodoro Rivadavia. En su interior más de ciento cincuenta soldados.

Los asientos del avión habían sido quitados para aumentar su capacidad. Los soldados, acurrucados en el piso de la nave permanecían en silencio mientras que el comandante a bordo dirigió unas palabras a la tripulación, las instrucciones de vuelo se transmitían en forma precisa sin embargo su voz lo delataba, se lo escuchaba tenso, nervioso.
Debían atravesar el Océano Atlántico hacia el sur, hacia las Islas Malvinas. Volarían al ras del suelo y de esa manera lograrían esquivar los radares enemigos. Si los descubren serán derribados. Una falla en los cálculos los sumergiría en la inmensidad de las aguas. Los soldados escucharon con atención. Sin mirarse, sin hablar, recordando a sus familiares. Esperando despertarse de esta pesadilla, Marcelo era uno de ellos, un muchacho judío, del barrio de “Once”.
Pone su mano en su bolsillo y extrae de él un pequeño libro, un Sefer Tehilim. Comienza a rezar, ningún soldado presta atención a este hombre que tenía un libro en sus manos, meneaba su cuerpo de atrás para adelante y recitaba la oración. No le importaba lo que le digan. Había vencido su vergüenza.
A ningún soldado le importaba, a ninguno menos a uno. Desde la otra punta del avión Marcelo es observado por Claudio, él era un chico judío del barrio de Avellaneda. No era observante pero hacia siete años le habían festejado su Bar Mitzva por orden de su abuela. A sus padres les daba lo mismo pero por ella lo mandaron a lo de un rabino para que le enseñara la bendición en fonética. Recordaba que había visto a unos viejitos en el templo moverse de la misma manera que aquél soldado. Recordaba que ellos también tenían en sus manos un libro y lo leían en voz alta.
Unas lágrimas empezaron a salir de los ojos de Claudio y empezó a pensar, ¿Cuánto tiempo me queda por vivir? ¿Volveré a ver a mi familia? Comenzó a arrastrarse por el piso del avión. Debía llegar al lugar donde se encontraba aquel judío, debía pedirle algo. Al llegar al lado de Marcelo, le comenzó a hablar pero no le contestaba, no tenía tiempo para perder, y pensó ¿Quién es este muchacho que viene a interrumpir justo ahora? Claudio no se dio por vencido, lo tomo a Marcelo del brazo y le suplico: “Por favor escúchame” Marcelo levantó la vista y le dijo: “No tengo tiempo para vos”. Por favor, le contestó Claudio, yo también soy judío, ayudame. “¿Que necesitas?” contestó Marcelo. “Enseñame a rezar, a decir algo. Tengo que hablar con Dios. Pedirle que me salve, que me permita volver con mi familia” le dijo Claudio.
A Marcelo se le iluminó el rostro. Ésta era su oportunidad, ayudar a un hermano. A lo mejor gracias a esta obra de bien, se le concederá la salvación “Tenemos poco tiempo”, Exclamó Marcelo. “prestá atención, te voy a enseñar la frase que ha acompañado a los judíos durante todos los tiempos, repetí conmigo: Shema Israel Hashem Elokenu Hashem Ehad.” Claudio repitió y memorizó.
“Shema Israel Hashem Elokenu Hashem Ehad” en lo que restó del viaje hasta el puerto Argentino repitió una y otra vez esta preciosa frase. El avión aterrizó en tierra firme. Llegaron sanos y salvos. A Marcelo lo destinaron en Puerto Argentino. A Claudio a la bahía de San Carlos. Se despidieron con un abrazo. Repitieron a coro “Shema Israel Hashem Elokenu Hashem Ehad”.
El 20 de mayo en la bahía de San Carlos fue un día rutinario. Los soldados se dedicaron en vigilar la zona y a descansar. Al final del día se enteraron que iban a atacar el Puerto Argentino. De repente Claudio se empezó a preocupar por Marcelo ya que el estaba ahí. Al día siguiente se enteran que era una trampa, y que iban a atacar en la bahía de San Carlos, los agarraron de sorpresa y los soldados ingleses empezaron a ir por todos lados en búsqueda de los argentinos, pero en ese momento, Claudio estaba solo y de repente ve a un soldado enemigo frente a él apuntándolo con una metralleta, y Claudio en un último grito de dolor exclamo: “Shema Israel Hashem Elokenu Hashem Ehad.” Abrió los ojos para ver su última mirada de la tierra y encontró que el soldado ingles había quedado en su lugar, con lagrimas en los ojos y le contesto: “Baruj Shem Kebod Maljuto Leolam Vaed”. “¡Lets go!, ¡Escapate!”. Claudio se fue corriendo, y a lo lejos alcanzó a escuchar los lamentos de sus compañeros de combate. Por la noche el seguía corriendo por los campos. Hasta que pudo encontrar el camino hacia el Puerto Argentino. Ahí volvió a ver a su amigo Marcelo, junto a él lucho hasta el final. Aprovecho todo su tiempo libre para estudiar Torá con su amigo.
La guerra terminó, Claudio volvió a su hogar, pero nada volvió a ser como era antes, había tomado una decisión, volver al judaísmo. En su primera oportunidad, viajó a Israel, ingresó a la Yeshiba, estudió y profundizó todo sobre sus orígenes. Ahí descubrió otras enseñanzas sobre el Shema Israel. Este poema que acompaña al pueblo judío durante más de tres mil años. Estas palabras que lo salvaron de una muerte segura, estas frases que lo ayudaron a reencontrarse con su historia y tradiciones.

Shemá Israel, un pasado muy lejando

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Por Alicia y Salvador Benmergui

Arqueólogos del Instituto de Prehistoria e Historia Antigua de la Universidad de Viena (Austria) descubrieron el testimonio más antiguo de presencia judía en territorio austriaco. En un cementerio en Halbturn, en el estado federado de Burgenland, fue hallado un amuleto que data del siglo III en el que se encuentra grabada una oración. Consta de una chapa de oro de 2,2 centímetros de largo. El grabado es una oración judía, que reza: ” Escucha, Israel. El Señor nuestro Dios es Uno”, escrito con letras griegas. Para los investigadores el hallazgo de este elemento es un indicio de que ya en la época del Imperio Romano vivían judíos en Europa Central. Hasta ahora se habían considerado como primeros testimonios de cultura judaica dentro de Austria unas cartas de la Edad Media, que datan del siglo IX.
Los judíos comienzan a asentarse en el mundo antiguo desde el siglo III de nuestra era, aunque su instalación dentro de sectores del territorio griego data del siglo V a.n.e. Los romanos, que habían triunfado sobre los judíos que se habían levantado en una segunda rebelión contra el Imperio Romano, vendieron judíos a gran escala como esclavos por todos sus dominios. Se presume que de esta manera, también como legionarios de las huestes romanas, así como por migraciones voluntarias es que los judíos llegaron a Austria.
Un niño de uno o dos años que presumiblemente tenía colgada del cuello una cápsula de plata, donde estaba guardado el amuleto, estaba enterrado en una de las 300 tumbas en un cementerio romano que data de los siglos II al IV y que se hallaba situado próximo a una villa campesina, que era un productor agrícola que proveía de alimentos a las ciudades romanas de los alrededores.(Carnuntum, Györ, Sopron).
El cementerio, descubierto en 1986 en la región de Seewinkel, a una distancia de unos 20 km de Carnuntum, fue excavado completamente entre 1988 y 2002 por un equipo de arqueólogos. Se encontraron en total mas de 10.000 objetos, los hallazgos más notables fueron pedazos de vidrio, trozos de cerámica y metales. El amuleto de oro, cuya inscripción era incomprensible al principio, fue descifrado solo en 2006 por Nives Doneus del Institute for Prehistory and Early History of the University of Vienna.
El griego era un idioma común en las inscripciones de los amuletos, también eran muy conocidos aquellos que se hacían en latín o en hebreo. En este caso el escriba estaba muy familiarizado con el griego. Sin embargo, esta inscripción es griega solo en su apariencia, porque no es otra cosa que una traducción del más importante y antiguo rezo judío que se halla en la Biblia(Deuteronomio, 6:4): “Shemá Israel! Adonai Eloinu, Adonai Ejad”.
Se han hallado otros amuletos no judíos en Carnuntum. Uno de oro y tres de plata, con textos mágicos, fueron hallados en un sarcófago de piedra, enterrado en el lado este del campo de la legión romana, incluyendo una súplica a Artemisa para su protección contra el demonio de la migraña, Antaura. También se han hallado amuletos en Vindobona y la parte húngara de Pannonia.
Lo que es diferente acerca del amuleto de oro de Halbturn es su inscripción judía, porque no es una fórmula mágica ni un conjuro, es una declaración monoteísta que constituye el fundamento del judaísmo como religión.

fuente: Milim 47