Antisemitismo con “sonrisas” en Alemania

Deja un comentario

Por Kevin Zdiara*
Para Cidipal

Cuando comencé a interesarme en Israel y el conflicto en el Medio Oriente, me sentí un traidor. Eso ocurrió durante la Segunda Intifada y Ariel Sharon era una de las personas más odiadas en Alemania. No fue fácil obtener información objetiva con respecto a la situación. La cuestión requería una intensiva tarea, mucho tiempo y, en ocasiones, me sentí traidor. Para mala suerte, en los últimos años, la opinión pública en Alemania se volvió contra Israel. Encuestas difundidas recientemente revelan sentimientos anti-israelíes muy fuertes entre la población alemana.
Un muestreo de la organización social-democráta Friedrich Ebert, encontró que el 47,7% de los encuestados piensan que Israel lleva a cabo una “guerra de aniquilación” contra los palestinos. Otra, de la publicación Dier Stern, de hace algunas semanas, encuentra que el 59% ve a Israel como “agresivo”, lo que representa un ascenso, en tres años, del 10 por ciento.
El delito histórico de la Alemania Nazi contra el pueblo judío limitó esos sentimientos durante largos años y creó un “sistema de relaciones especiales” entre Alemania e Israel. Pero cabe sentir la falta de comodidad creciente de los alemanes con respecto al Estado judío. Después del suceso del Mármara, por ejemplo, fue el Bundestag alemán el único parlamento occidental que tomó la resolución de condena, por unanimidad, contra Israel. Dos miembros del partido de izquierda “Die Linke” (pasajeros del Mármara), votaron junto a los conservadores, los liberales y los social -demócratas. El publicista judeo-alemán Henryk Broder, denominó esto “acción de revelación personal nacional” y agregó que la “pregunta judía” que generó una sensación de unidad nacional alemana en el pasado, se transformó, con claridad, en la “pregunta palestina”.
Es cierto que el anti-sionismo agresivo no se encuentra presente en el diálogo público en Alemania, como en otros países. Pero las campañas destinadas a crear una deslegitimación de Israel gozan hoy de mayor apoyo que en el pasado. Por ejemplo, una representación de la Nakba palestina se exhibe, desde hace años, en las calles alemanas, con terminales en centros de la Iglesia Reformista y, en algunas ocasiones, en edificios públicos. En la ciudad de Kalen existe, desde hace años, una representación antisemita que incluye una gran caricatura de un hombre con la estrella de David y en sus manos un cuchillo y tenedor cortando a un niño palestino en pequeños pedazos.
Hace poco vimos un poema, escrito por el Premio Nobel Gunter Grass, sobre los proyectos imaginarios de Israel de aniquilar al pueblo iraní, mientras el líder del Partido Social Demócrata alemán, Sigmar Gabriel, acusó a Israel de materializar el “régimen del Apartheid” en Hebrón.
En 2011, vimos la llegada del boicot anti-israelí a Alemania, con el apoyo de Die Linke en la ciudad de Bremen. Manifestantes se posicionaron por fuera del supermercado exigiendo la interrupción de la venta de productos israelíes. La campaña de boicot se limitó solo a Bremen. Pero, hace poco, comenzó también en la sede alemana de la organización católica “Pax Christi” para apoyar el llamado al boicot contra los productos israelíes. La diferencia es que la organización no representa elementos extremistas de izquierda, sino que es cercano a la Iglesia Católica y con presencia a lo largo del país. A fin de reforzar su campaña, consiguieron la firma del alcalde de la ciudad de Jena, Albrecht Schroter quien, en el pasado, recibió el Premio al Esfuerzo por sus acciones contra los neonazis y contra el antisemitismo. Se trata del primer hombre de una gran ciudad y miembro destacado de un partido social demócrata que apoya esa campaña. A pesar de su pasado, es conocido por su actitud anti-israelí, incluida la participación en manifestaciones contra el cerco de seguridad en Beit Jala, en 2008. A pesar que, la campaña, traspasa el límite y representa el antisemitismo moderno, Schroter sostuvo que no es posible que sea antisemita a causa de su actividad política y por el apoyo con el que cuenta por parte de compañeros judíos e israelíes. Incluso, sostuvo que era y es “amigo de Israel”. El hecho que se vincule solo a los “delitos israelíes”, manteniendo el silencio con respecto a los misiles de Hamas y la violación de derechos humanos graves cometidos por la Autoridad Palestina, dice lo suficiente.
Un hombre como Schroter, representa el “nuevo” antisemitismo en Alemania. Llega con una sonrisa y sostiene que, al final de cuentas, se preocupa por los “derechos humanos”.
Se trata de una “nueva” forma de viejo odio hacia los judíos, dado que a sus representantes, de verdad, les importa el recuerdo de la Shoa. Son activos contra el neo-nazismo y apoyan a la reducida comunidad judía de la Alemania de nuestros días. A cambio, carecen de una gota de piedad hacia la guerra de comunicación de Israel a quien ven como el “mal” en Medio Oriente. Tal como lo revelara la encuesta de 2011, ven a Israel como el nazi de nuestros días y como el estado que perpetra una especie de genocidio contra los palestinos. Hacen una demonización de Israel y usan una doble moral contra Israel y, por ese medio, deslegitiman al único Estado judío en el mundo.
La creación del nuevo y “moral” modelo de antisemitismo dificulta mucho a los amigos de Israel a oponerse a esa forma de antisemitismo. Por ello, la defensa de Israel hoy se relaciona a la misma intensa actividad, tal como fuera cuando solo comencé.
Por otra parte, la escritura en el conocido blog alemán “Die Achse des Guten”, (eje de los buenos, peso contra el “eje del mal”, término acuñado por el ex presidente George Bush) y la defensa de Israel en mi blog personal me generaron oportunidades que no tenía en el pasado. Me ayuda mucho a transmitir el mensaje al amplio público, a reforzar el apoyo a la campaña y exhibir una perspectiva pro-israelí a fin de enfrentar las ideas críticas hacia Israel que aparecen crecientemente en los medios de comunicación alemanes.
La respuesta a los artículos me enseña que no me dirijo solo a los miembros del grupo pro-israelí, sino que consigo llamar la atención de personas que aún no tomaron posición hacia Medio Oriente y, en especial, hacia publicaciones en Internet y la recepción de respuestas inmediatas, me hacen sentir que no estoy solo.
A pesar de parecer mala, estoy convencido que la situación en Alemania, si bien es seria, no carece de esperanza. Aún no.
*Kevin Zdiara, es Doctor de Filosofía del Centro Max Weber, de la ciudad de Erfurt, donde se desempeña como miembro de la Asociación de Amigos de Israel-Alemania. Escribe en el sitio Die Achse des Guten y en su blog personal. En una de sus columnas, comparó entre los manifestantes de izquierda que exigen el boicot a los productos de los asentamientos con la prohibición de comprar a los judíos bajo el régimen nazi

Sobrevivientes del Holocausto celebraron su Bar Mitzvah en el Muro de los Lamentos

Deja un comentario

Un grupo de sobrevivientes del Holocausto celebró su Bar Mitzvah en el Muro de los Lamentos, en Jerusalem.
Este grupo de sobrevivientes tendría que haber cumplido con la tradición judía hace 70 años atrás, pero la Segunda Guerra Mundial les paralizó la vida.
Tenían 13 años entonces, pero el Holocausto no les permitió disfrutar del día en que, según la tradición judía, los niños alcanzan su mayoría de edad religiosa.
Por eso ahora, aprovechando la celebración de sus nietos, 13 sobrevivientes de la Shoá cumplieron con el rito.
Al igual que al resto de los niños de 13 años, a este grupo de se les impusieron las filacterias en sus brazos, en los que se apreciaba aún el tatuaje con su número del campo de exterminio nazi del que lograron sobrevivir, y leyeron la Haftara, una parte del Libro de los Profetas, como el resto.
Las filacterias son dos pequeñas cajitas de cuero en las que se guardan tiras de pergamino con pasajes de las Escrituras.
Una se ata al brazo izquierdo, dando siete vueltas al mismo, y la otra se pone sobre la cabeza. A partir de Bar Mitzvah, los judíos se las colocan para determinadas oraciones.
La ceremonia fue organizada por la Fundación Patrimonio Muro de las Lamentaciones y en ella participaron, además, 87 supervivientes del Holocausto.
Pini Rosenberg, de 81 años, un sobreviviente de la Shoá que hizo aliá en 1948 y que sigue trabajando como guía turístico, destacó la importancia de Jerusalem en su vida y la de su familia antes y durante el Holocausto.
Durante la ceremonia, Rosenberg también se acordó del casi millón y medio de niños judíos que no pudieron celebrar su Bar Mitzvah porque murieron en los campos de concentración.
“Un millón y medio de niños, entre ellos amigos míos no llegaron a tener esta celebración”, dijo el sobreviviente.
Por su parte, el rabino del Muro de las Lamentaciones, Shamuel Rabinovitch señaló que “ha sido uno de los eventos más emocionantes de mi vida. Este es el testimonio de la eternidad del pueblo judío”

Presentación del libro "Historia de la Solución Final" del Dr. Daniel Rafecas

Deja un comentario

El Centro Raoul Wallenberg invita a la Presentación del libro 

“Historia de la Solución Final”

del Dr. Daniel Rafecas

Comentarán el mismo  el Dr. Raul Woscoff y la Lic. Fabiana Tolcachier. 
El Dr Rafecas expondrá sobre los motivos que lo llevaron a escribir esta obra.


Jueves 17 de Mayo de 2012 // 20:00 hs.
Auditorio Cooperativa Obrera // Zelarrayán 560


Entrada libre y gratuita

Buenos Aires inaugura Plaza de la Shoá

Deja un comentario

El jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, encabezará esta mañana la inauguración de la Plaza de la Shoá, en la zona de Palermo.

El acto está convocado para las 10.30 en Avenida del Libertador 3905 y la plaza que rinde homenaje a las víctimas del Holocausto estará instalada en el ex Paseo de la Infanta.

Además de Macri y funcionarios del Gobierno porteño se prevé la presencia de dirigentes de las instancias centrales de la comunidad judía argentina y del Keren Kayemet LeIsrael (KKL), entre otras organizaciones.

אפרת גוש – לראות את האור

Deja un comentario

Día de Recordación del Holocausto: Efrat Gosh canta “Para ver la luz” (Feldman / Amdorski).
Se expresan los sentimientos y pensamientos finales de una víctima en las temidas fosas comunes de exterminio.

Vi a mi camino desaparecer
En un bosque enmarañado,
entre los muros de maleza
Contra el suelo sangrante
Mis pies fueron plantados, raíces que crecen.

Y por un momento tuve la oportunidad de escuchar
Hojas enseñando su canción
Y yo quería ir a lo alto
Para crecer con ellas

Sentía las gotas de lluvia
Acumulandose en mi interior, cayendo debajo de mí
Y el viento es frío y deprimente
Que me hiela, me deprime.

Por un momento tuve la oportunidad de alcanzar
El fin de los grises dolores
Y yo quería ir a lo alto
Para ver la luz

Dicen que los cielos encima nuestro son de color azul
Llena de luces.
Tal vez un día también sere capaz de ver …
De ver …

Me caí a la tierra, en silencio
Oculté mis ojos, cerré mi corazón
Y yo sentí que fui despojada de
Todo mi dolor, toda mi soledad.

Y por un momento tuve la oportunidad de escapar
Al igual que una pluma en el ala de un pájaro
Y lo logré subir a lo alto
Para ver la luz
Para ver la luz …

Genocidio nazi y genocidio argentino, de conexiones y desconexiones

Deja un comentario

Por: Guillermo Levy 
Para: Nueva Sion 

Hace falta establecer puentes, comparaciones, para aprender de las heridas que marcaron y marcan a nuestros pueblos. Esto nos permite entender; que no es banalizar, que no es decir: “Todos los genocidios son lo mismo”.

El exterminio nazi hacia los judíos europeos se instaló en la historia de las últimas décadas desde la pretensión de exclusividad.
La historia humana ha presenciado innumerables masacres y genocidios pero hay uno que se presenta como único, tanto en su forma, en su sistematicidad como en su intencionalidad: The holocaust, si tomamos el vocablo anglosajón que acuñaron los vencedores de la guerra, la Shoá si tomamos la palabra que construyó el naciente Estado de Israel como forma de resignificar la historia de la tragedia, articulándola con la “resurrección” judía en un nuevo estado, Israel. Jurbn si queremos tomar el término que las victimas, hoy silenciadas, usaban para hablar de su exterminio.
Esta línea de interpretación se fue consolidando como “la” historia del exterminio nazi, se la denomina la uniqness, o sea la decisión de que cualquier intento de comparar la tragedia de los judíos europeos con otro acontecimiento histórico implica -sí o sí- una banalización de este hecho considerado, en todos sus términos, único, sin antecedentes ni conexiones con el resto de la historia humana. “El que no estuvo en Auswichtz no puede entrar, el que estuvo no puede salir” es una de las frases más famosas de Elie Wissel, y una definición conmovedora del paradigma de la uniqness.
El problema es que si queremos restituir al nazismo y al exterminio nazi a la historia moderna, si queremos convertir a sus protagonistas –burócratas, ideólogos, ejecutores directos – en seres humanos construidos como tales en nuestro planeta y nuestra cultura occidental, recuperándolos del infierno que tiene demonios y no seres humanos concretos, necesitamos cometer ese sacrilegio.

Intentar entender lo que pasó, pero sobre todo, por qué pasó, en qué condiciones se producen seres humanos capaces de cometer semejantes crímenes, en qué condiciones la política es productora de una decisión semejante, nos lleva a la historia de los hombres y lo que estos producen y no a otro lado. Ahí necesitamos restituir al exterminio nazi a nosotros. A nuestro planeta y a nuestra civilización.
El término genocidio nos sirve para eso. El exterminio nazi fue un genocidio, pero hubo otros genocidios. Eso no le quita sus particularidades a ninguno, pero propone, desafía a tender puentes, como los tendían sus víctimas aniquiladas y sus voces silenciadas cuando los resistentes, en varios guetos, leían: “Los cuarenta días de Musa Adar”, porque intuían, sabían, que el genocidio armenio de principios del siglo XX algo decía de su propia tragedia, buscando conexiones en la historia humana para identificarse con otras víctimas, entender lo que les pasaba y así tener herramientas de lucha. Todo lo contrario a buscar una exclusividad, que en ese contexto incrementaría la desesperación. La unicidad, la anulación del carácter humano a los perpetradores, sólo llevaría a la desesperación más absoluta: no se puede enfrentar lo que es inentendible.

Entender no es banalizar, no es decir: “Siempre hubo genocidios” o “Todos los genocidios son lo mismo”. Entender permite comprender cómo se producen los acontecimientos históricos y cómo podemos enfrentarlos. El problema es que el intento por entender implica la puesta en común, la restitución del exterminio nazi al rompecabezas de la historia moderna, que los términos Holocaust o Shoa contribuyeron a quitarle.

Suturas de la historia
Las comparaciones entre el exterminio nazi a la población judía europea y el llevado a cabo por la última dictadura militar en Argentina han sido resistidas fuertemente por los defensores de la unicidad, que creen que aquellas sólo sirven para quitar toda especificidad o subestimar una experiencia con respecto a otra.
No me mueve ninguna de esas dos intenciones, sólo poner en común lo que hay realmente en común y ver dónde los caminos se bifurcan. Los hombres somos producto de toda la historia humana y los vasos comunicantes de todas las experiencias son enormes. Comunicaciones que no siempre aparecen en las imágenes o títulos más difundidos de cada experiencia sino en miles de conexiones, sutiles, casi invisibles que hay que reconstruir.

En el comienzo de la monumental película de Lanzmann, Shoá, aparecen Itzak Duguin y Motzke Zaidl, que cuentan cómo los obligaban a desenterrar decenas de miles de cuerpos con sus propias manos: judíos asesinados meses o un año atrás, para luego quemarlos. Esa escena puede no tener nada de particular, más allá del horror de la situación en sí, si no fuese por la prohibición de los guardias SS de mencionar la palabra muerto o cualquier término que se refiera al carácter humano de las víctimas. Sólo podían decir figuren o shmotte. Eran “cosas”, decenas de miles, que se desenterraban para ser quemadas. Cosas que iban a desaparecer. Podríamos pensar que sólo hay un intento de eliminar pruebas de los crímenes para la posguerra; sin embargo, creo que hay una estrategia más audaz en la desaparición de los cuerpos y en la decisión de prohibir toda mención humana a las víctimas.

La desaparición de los cuerpos, de su historia, la construcción de nuevas sociedades sin rastros de muchos de los que antes la componían, sin sus vidas presentes ni sus historias, nos remite inequívocamente a nuestros represores argentinos, más allá de que hallemos o no la forma en que esas estrategias se encontraron. Ahí, en esos pozos de Ponary, los nazis estaban inventando algo monstruoso que los genocidios nuestros usaron en su estrategia de construcción de sociedades presentes y futuras.
La identidad del asesinado desenterrado en Polonia radicaba en que sólo era pura materia. La identidad de nuestros desaparecidos yace en que “no están”, como una vez sugirió Videla a la prensa. La lucha por la recuperación de las identidades personales, políticas, culturales de cada una de las víctimas y la puesta en juego de éstas en el presente, son parte de una lucha que también junta a los dos procesos históricos y permite a ambos mirarse mutuamente.

El término genocidio también permite suturar, unir y mirar qué puentes hay entre estos dos procesos. Término acuñado con posterioridad al exterminio nazi y para hablar de éste, remite a una intención estatal de aniquilamiento de personas en tanto pertenecientes a un grupo. La Convención sobre Genocidio, votada por Naciones Unidas en 1948, limita los grupos protegidos a sólo cuatro y excluye los grupos políticos, pero eso a efectos de lo que planteo no cobra mayor relevancia. El sentido parece ser que los hombres de la modernidad, en ciertas condiciones, deciden transformar sus sociedades, vía el exterminio de una parte de las mismas. Estas estrategias son estrategias humanas y no de demonios. Son estrategias racionales que devienen de objetivos políticos y económicos, y cuya implementación sólo puede ser exitosa en la medida de que sus medios sean también racionales.

Eichmann, el funcionario encargado de todo el sistema de trenes a los campos de exterminio, era eficiente en la medida que operaba como un funcionario moderno de un Estado o de una corporación privada. La burocracia estatal, que no reconoce emociones, sólo la implementación racional, se apropió del exterminio nazi y lo hizo eficientemente. Eichmann fue un engranaje de esa maquinaria. En ese sentido, toda la locura, odio e irracionalidad que se les atribuye a los dirigentes nazis, presenta problemas con este personaje que no tiene rasgos ni de odio ni de especial antisemitismo. Su carácter moderado, gris y sin odios, podría ser una estrategia de salvación personal, difícil en el marco de un juicio en el que ya estaba condenado.

Convergencias y bifurfaciones
Es éste un punto de tensión con nuestro exterminio argentino. Acá no hubo tal maquinaria de burócratas eficientes, por las dimensiones del mismo. Sin embargo, en las palabras de Videla -puestas en superficie en el reportaje publicado en la revista española Cambio 16-, aparece un hombre moderado, que habla de la historia argentina y que pone la acción de su gobierno -a la que nombra con eufemismo, de la misma manera que Eichmann no hablaba en el juicio de los crímenes más que en forma elíptica– como una acción racional, necesaria para salvar a la Argentina.
Trasformar la Argentina, vía la muerte -aunque minoritaria pero cualitativamente relevante- de una porción de su población, era uno de los objetivos centrales del gobierno militar que en su nombre se anunciaba: “Proceso de Reorganización Nacional”.

Los nazis son, en este sentido, los grandes maestros de la reorganización social vía la muerte planificada. Polonia fue un ejemplo de esta ingeniería social. En Polonia se exterminó a la población judía, se deportaron decenas de miles de polacos y se implantaron –como semillas transgénicas– a miles de colonos alemanes. En Polonia se cambiaron los nombres de pueblos y ciudades de la porción anexada del territorio, se secuestró a miles de niños polacos considerados racialmente compatibles y se los llevó a Alemania, donde fueron criados como alemanes nazis. Práctica tan presente en nuestro genocidio pero -en este caso- no inventada por los alemanes nazis, que fueron también continuadores de otra experiencia histórica reciente que admiraban: el franquismo. La dictadura fascista de Franco también se apropió de decenas de miles de hijos de republicanos, a los que crió como niños católicos, robándoles su identidad.

Los puentes que niegan los partidarios de la exclusividad los construye nuestra historia, conectada en miles de puntos que es necesario develar para entendernos mejor.
Marzo y abril son los meses que recordamos tanto el golpe genocida en Argentina como la resistencia en el gueto de Varsovia en 1943. En Marzo de 1977, un periodista de investigación, militante montonero, que había armado una agencia de noticias clandestina para romper el cerco informativo de la dictadura y llevar registro de todos los crímenes, escribió una carta balance al primer año del golpe: la famosa “Carta a la Junta Militar” fue enviada también al presidente de los EE.UU. y a la OEA. Un día después, Rodolfo Walsh fue secuestrado y desaparecido.
El gueto de Varsovia también tuvo su militante clandestino que se dedicó a registrar todo, a enfrentarse a la impunidad del olvido, dejando testimonio de lo que pasaba. Emmanuel Ringenblum, historiador y militante social, que dirigió una organización clandestina para registrar el exterminio y la vida en el gueto, obviamente no supo de Walsh y seguramente éste no supo de aquel, pero la historia, que es en definitiva la historia humana, tiene esa compulsión, produce esas conexiones, produce verdugos con rasgos similares pero también seres maravillosos que sin conocerse, se conocen y aprenden unos de otros.

El término genocidio nos permite reconstruir esos puentes, las unicidades dejémoslas para los que quieren tener la experiencia humana como su experiencia única en la vitrina de los trofeos en los que coexisten las hazañas y las tragedias.

Hacia una comprensión de la Shoa

Deja un comentario

Casi 60 años pasaron desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y de la caída del nazismo. Sin embargo la herida del Holocausto sigue abierta en el cuerpo del pueblo judío, como así también la polémica. ¿Cómo fue posible? ¿Por qué no se resistieron? ¿Por qué no se rebelaron? ¿Sabían los aliados lo que estaba ocurriendo? Preguntas y más preguntas, interrogantes y más interrogantes. Mientras tanto, los sobrevivientes van muriendo, los asesinos siguen escapando al castigo y las voces negadoras de la Shoa cada vez cobran más fuerzas.

Tras muchos años de estudiar el tema, he llegado a algunas conclusiones que considero que son las más aproximadas a una explicación del Holocausto. No digo que sean verdades absolutas ni que sean la respuesta definitiva, sino que son algunos elementos que el día de mañana podrá servir para entender lo ocurrido y evitar que vuelva a ocurrir.

¿FUE UN SUCESO UNICO EN LA HISTORIA JUDIA?
Entre los siglos XI y XIII, durante las Cruzadas, 150 comunidades judías del Valle del Rin, más cinco importantes comunidades inglesas fueron arrasadas. El número de víctimas se calcula en unos 170.000 entre una población judía en Europa estimada en unos tres millones y medio de individuos.
Por la plaga desatada en el siglo XIV (la Peste Negra o peste bubónica), los judíos, acusados de haberla provocado, fueron masacrados en Francia, Alemania, Austria, Bohemia e Italia (cantidad de víctimas calculadas: unas 280.000).
La Inquisición española es considerada responsable directa de la muerte de más de 100.000 judíos.
Los cosacos de Chmelnicki, entre los años 1648/54 asesinaron a más de 100.000 judíos en Podolia, Wolinia y la Ucrania polaca (en esa época vivían en Polonia unos 800.000 judíos).

Masacres, persecuciones, acusaciones.

Vemos que son una constante en la historia judía. Desde este aspecto la Shoa no tiene nada de original, nada de nuevo, pero… fue en nuestros tiempos, todos conocemos a alguien con un número tatuado, sobre todo acá en Israel, todos conocemos historias de primera mano, relatadas por sus protagonistas, y ese es uno de los factores que hacen diferente a la Shoa. No leemos acerca de ella en viejos libros de historia, sino que podemos recorrer los lugares en que ocurrió la tragedia y ver todavía las huellas de la misma.
Otro factor es que en los casos anteriores existía la opción de la conversión, mientras que los nazis enviaron a las cámaras de gas a cristianos profesantes (incluso curas y monjas) porque descendían de judíos. Tenemos que remontarnos a los tiempos de Ester para hallar un paralelo de esta furia asesina. También Hamán quiso exterminar a todos los judíos sin que importara su religión.

Si quisiéramos buscarle una explicación a la Shoa, también tendríamos que encontrársela a las otras masacres: odio religioso, codicia por los bienes judíos, endeudamiento de los nobles con los prestamistas judíos, etc., todo esto sirvió como detonante, y al mismo tiempo sentó las bases “morales” para la actuación del nazismo, proporcionando a Hitler y sus secuaces la impunidad basada en 2000 años de historia sangrienta.

METODOLOGIA PARA EL ASESINATO
Otra diferencia con las masacres anteriores es la metodología aplicada.
Mientras que en los casos anteriores las turbas se lanzaban sobre los judíos, degollándolos sin piedad, o tribunales secretos arrancaban confesiones por medio de la tortura y juzgaban a sus víctimas, condenándolas en base a esas confesiones, los nazis aplicaron todos sus recursos humanos y técnicos en su tarea.

Inclusive se puede hablar del uso de la psicología para preparar a sus víctimas y asegurarse su docilidad.
Sería muy largo explicar todos los pasos que seguían los nazis, pero se puede hacer un resumen.

Antes que nada debo aclarar que en Europa Oriental aplicaron un método diferente al aplicado en Occidente.

Vamos a hablar primero de Europa Oriental, donde se encontraban las concentraciones más grandes de judíos.

El eje de la vida judía en Polonia, Rumania, etc., estaba centrado en el Shtetl, el pequeño pueblito tan conocido a través de las historias de Sholem Aleijem y Mendele Mojer Sforim. Cuando las fuerzas nazis entraban a estos villorrios, lo primero que hacían era ejecutar a los dirigentes de las comunidades, descabezándolas. Luego todos los habitantes eran forzados a abandonar el lugar donde habían vivido por generaciones, para ser conducidos a las grandes ciudades como Varsovia, Cracovia, Lodz, etc. Sin dirigentes, desarraigados, se veían enfrentados a lo desconocido.

En las ciudades, ante la notable afluencia de judíos de los alrededores, estallaban motines “espontáneos” (organizados por los mismos alemanes con la complicidad de los antisemitas locales), por lo que los nazis, para “proteger” a los judíos, los confinaban en sectores determinados de la ciudad, y es ahí donde los judíos de Polonia, Lituania, etc., encontraban algo que les era familiar, algo a lo que estaban acostumbrados, el ghetto. “Si había un ghetto, es que no pasaba nada raro”, pensaban. Luego los nazis designaban los Judenrat, los Consejos Judíos, integrados por notables de la comunidad, creando así entre las masas la ilusión de un autogobierno.

Poco a poco las condiciones en los ghettos iban empeorando. Y es entonces cuando los nazis ponen en práctica la segunda parte de su plan: el reclutamiento de mano de obra esclava para las diversas fábricas. Para ello obligan a los Judenrat a elaborar padrones de personas aptas para el trabajo, a las cuales se provee de cartillas en las que consta que son obreros de algunos de los muchos establecimientos. Y es aquí cuando comienza un juego verdaderamente macabro, destinado a hacer desaparecer los últimos vestigios de fuerza moral en los judíos. Se inician las deportaciones con destino desconocido. Al principio los deportados son los que carecen de la mencionada cartilla. Los afortunados, junto con sus familias, permanecen a salvo. Pero un día comienza a circular el rumor de que saldrá un nuevo tipo de cartilla que reemplazará al anterior, rumor que es confirmado por el Judenrat. Hay quienes dicen que la nueva cartilla no es otra cosa que una trampa para atrapar a los que no están empadronados, y se aferran a la cartilla original, mientras que otros optan por cambiar. Se produce una redada y los que poseen la nueva cartilla están a salvo, mientras que los otros son deportados. Tras unos días de tranquilidad, hay otra redada y sin que importe la cartilla que poseen, los que son capturados desaparecen. Y otra vez el juego vuelve a comenzar. Esto va minando la resistencia moral de las víctimas, las que en definitiva terminan entregándose a su destino.
Desaparición de dirigentes, desarraigo, pogroms, el retorno del ghetto, “autogobierno”, el juego de las cartillas, todo eso elimina cualquier atisbo de rebelión.

Y por fin viene la gran comedia del transporte hacia “los campos de trabajo en el este”. Es la posibilidad de salir del ghetto e iniciar una nueva vida en “territorios autónomos”, alejándose para siempre de los cadáveres en las calles y el terror nocturno. Y los trenes de ganado parten hacia los campos de exterminio.
Al llegar no se les da tiempo de reaccionar. Las familias son separadas con una celeridad pasmosa. Luego viene la primera selección. Los que van a las cámaras se ven bombardeados hasta el último momento con mentiras en las que prefieren creer. Hay oficiales nazis que piden enfermeras, peluqueros, sastres, y las pobres víctimas creen que hay una posibilidad. Les entregan el jabón, que nadie examina (solo unos pocos se dan cuenta que son trozos de piedra) y se produce la entrada a las cámaras. Es el fin.

En Europa Occidental la metodología es distinta. El judío no es tan fácilmente identificable, pues está asimilado a la sociedad circundante. Pero los nazis encuentran la forma de reconocer a sus víctimas. En cada ciudad se abren centros para gestionar los nuevos documentos de identidad. Cada uno debe llenar un cuestionario aparentemente anodino: nombre, apellido, dirección, profesión y… religión que profesa (hay un apartado que dice: “En caso de no profesar ninguna religión, ¿sus padres profesaban alguna?”). Así son identificados los judíos.

Al judío francés u holandés no se lo puede encerrar en un ghetto. Se lo señala si con la estrella amarilla y se lo excluye de la actividad pública y comercial, de las escuelas, de las profesiones liberales. Se lo va estrangulando económicamente. Luego es llevado a campos de tránsito donde cada familia continua unida, hay escuelas y actividades culturales. Hasta que un día se lo hace subir a un tren de pasajeros con todas las comodidades de un tren común, con destino a… la muerte.

Uno de estos trenes se detuvo en una ocasión en una estación alemana. Una mujer aria pura, esposa de un héroe de la Luftwaffe, subió por error con sus dos hijos al convoy. Cuando se quiso dar cuenta, había llegado a Treblinka. De nada le valió mostrar sus documentos y los de sus hijos. Lo que estaba ocurriendo en el lugar era secreto, así que fue gaseada junto con sus hijos… como los judíos.

Como detalle debo agregar que el porcentaje de sobrevivientes más grande se da entre los judíos de Europa Oriental, por una razón muy simple. El judío del este está acostumbrado a luchar con uñas y dientes para sobrevivir desde hace generaciones, está acostumbrado a verse despreciado, golpeado, humillado, y tiene la fuerza necesaria para resistir, el instinto para sobrevivir, mientras que el judío del oeste se ve arrancado de un mundo en el que no se diferenciaba del no judío, para verse arrojado a un infierno que nunca había imaginado. Este hombre, que a lo mejor vivía en el mejor barrio parisino, enviaba a sus hijos a la más exclusiva de las escuelas, se ve de pronto transformado en un simple número, se ve degradado, rebajado, entonces se abandona a la muerte, cuando no se suicida directamente.

¿LOS ALIADOS DONDE ESTABAN?
Es evidente que desde la asunción de Hitler al poder el mundo entero veía venir la tormenta. En “Mi lucha” ya se habla de suprimir a los judíos.
Pero las potencias de entonces se mantuvieron indiferentes.

Nada se dijo de las leyes raciales, nada se dijo cuando “la Noche de los Cristales”, el barco “St. Louis” con su triste carga de casi mil refugiados, tras deambular por medio mundo, debió volver a Hamburgo, pues nadie quería a esos judíos (el gobierno de EEUU, inspirado por Joseph Kennedy, padre de John y conocido germanófilo, presionó al gobierno cubano para que no permitiera el desembarco de los refugiados), los aliados interceptaron informes de los Einsartzgruppen que daban cuenta de los fusilamientos en Rusia y las cantidades de víctimas, hay numerosas fotos aéreas de Auschwitz, el suicidio de Zigelboim en Inglaterra fue en vano, nadie quería escuchar el informe de los exterminios, la Cruz Roja visitaba ghettos y campos como Therezinstadt y aceptaban la palabra de los alemanes, sin escuchar a las víctimas y fue el general Patton el que dijo, al liberar Mauthausen: “Tendríamos que haber llegado dos días más tarde”, Suiza devolvió a los judíos que cruzaban sus fronteras, Suecia realizaba negocios con Alemania, la Ford era socia de la Volkswagen y hacía grandes negocios con Alemania, mientras los soldados americanos morían en África, en Italia y en Normandía, el Vaticano callaba, aunque muchos cristianos iban a las cámaras de gas como judíos, mientras aplaudía que en Dresde se hubiera consagrado una iglesia a nombre de Hitler.

El mundo sabía, el mundo era indiferente, el mundo era cómplice.

DE RESISTENCIA Y RESISTENTES
Mucho se habla de la falta de resistencia por parte de los judíos. Sin embargo no es tan así.

Si bien los actos de rebelión armada fueron pocos, hubo otros actos que pueden ser catalogados de resistencia.

En los ghettos se efectuaban ceremonias religiosas (prohibidas por los nazis), había ieshivot, los movimientos sionistas montaron escuelas y entrenaban a futuros jalutzim, historiadores como Ringelblum llevaban diarios donde se narraban los sucesos en los ghettos (estos diarios, junto con declaraciones de sobrevivientes, sirvieron para reconstruir la historia del Ghetto de Varsovia), en los orfanatos se trataba de mantener una chispa de esperanza en los niños, los dibujantes del “taller de arte” de Therezinstadt ilustraron con sus dibujos clandestinos la verdad sobre este “ghetto modelo” creado por los nazis para engañar al mundo.

Todas estas pueden también ser consideradas formas de resistencia tan válidas como la lucha armada.

CONCLUSION
No fue un caso único en la historia judía, pero por la forma en que fue llevado a cabo, asume características particulares.

¿Por qué se produjo? Causas económicas, políticas, y por sobre todas las cosas, como dije antes, 2000 años de antisemitismo, que le dieron la base moral al nazismo para actuar.

Una de las consecuencias visibles de la Shoa es que la situación de los sobrevivientes en una Europa que se había convertido en un inmenso cementerio hizo perentorio el dar una solución para esta gente, y sirvió como factor de presión para que las Naciones Unidas terminaran votando la Partición de Palestina y el nacimiento de un estado judío. No fue el único factor, pero si uno de los más importantes.

Repito lo dicho al principio de este artículo. Hubo muchas masacres a lo largo de la historia judía. Pero la Shoa nos duele más porque está cercana a nosotros en el tiempo, porque conocemos sobrevivientes, porque sabemos sus historias ya que nos las narraron en directo, sabemos los nombres de nuestros parientes asesinados y vemos sus rostros en alguna fotografía borrosa. Y está en nosotros no permitir que esos rostros pierdan un día sus nombres.

Por ISRAEL WINICKI

Para WWW.PORISRAEL.ORG

Older Entries