¿Estás en una rutina? No desesperes, Tu B’Shvat está aquí.

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Por Rav Efraim Nisenbaum
Extraído de Aish Latino

El día 15 de Shvat, Tu B’Shvat, es llamado el año nuevo de los árboles. Estrictamente hablando, este título establece una distinción legal relacionada a las leyes de diezmo en la Tierra de Israel. Se debe separar el diezmo de todo producto cultivado en Israel antes de que pueda ser comido. En un año determinado, las frutas que se separan de un árbol como diezmo pueden representar a todos los árboles de la misma especie de un mismo dueño. Sin embargo, la fruta de un año no sirve como diezmo para la cosecha de otro año.

La tradición enseña que el año nuevo de los frutos comienza el día quince del mes de Shvat, porque en esa fecha la mayoría de las lluvias del invierno han pasado, y ya ha comenzado a fluir la savia del nuevo crecimiento: el árbol durmiente está despertando de su hibernación. Un árbol que florece antes de Tu B’Shvat es considerado como producto del año anterior, mientras que si florece después pertenece al año nuevo.

Más allá de la importancia para la separación del diezmo, no hay ninguna fuente en el Talmud ni en el Midrash para celebrar Tu B’Shvat. Pero en fuentes posteriores encontramos muchas costumbres sobre la celebración de Tu B’Shvat: la práctica de comer muchas frutas, la costumbre de vestirse con las mejores ropas de Shabat para el nuevo año de los árboles, porque la Torá compara al ser humano con un árbol (Deuteronomio 20:19).

Examinemos la relación entre el hombre y los árboles para entender el mensaje que Tu B’Shvat tiene para la humanidad.

El árbol, durante su vida, atraviesa ciclos. El cargado árbol de verano se vacía de frutas en otoño, y luego pierde lentamente sus hojas, una por una. Para cuando llega el invierno, el árbol ya ha perdido su gloria. Desde donde se lo mire, pareciera haber muerto.
Pero luego llega Tu B’Shvat. En el medio de los fríos días de invierno, cuando toda la vegetación parece congelada o muerta, la savia del árbol comienza a fluir debajo de la corteza. Elevándose lentamente desde las raíces enterradas en el duro suelo, la savia se abre camino hacia arriba, bombeando nueva vida hacia las extendidas ramas que se estiran hacia los cielos.

Muchas veces en la vida, nosotros también atravesamos ciclos de crecimiento. Los períodos de renovación y crecimiento pueden alternarse con tiempos de estancamiento o letargo. El rabino Shlomo Wolbe cita que este ciclo es parte de la naturaleza del hombre. Agrega que una persona no debe desilusionarse cuando el crecimiento espiritual pareciera detenerse, el período “bajo” usualmente será seguido por uno “alto” que traerá nuevas oportunidades de crecimiento.

Ese es el mensaje de Tu B’Shvat: Incluso cuando nos sentimos letárgicos, en una rutina, y parecemos haber perdido la motivación para lograr cosas, no debemos desesperar. Al igual que el invierno es una pausa anual en el ciclo de vida de los árboles, las temporadas de letargo e improductividad son fases necesarias en el ciclo de la vida humana. Al igual que, con la llegada de la primavera, la savia vigorizante se mueve imperceptiblemente desde los troncos hacia las ramas que se extienden hacia el cielo, nosotros también tendremos una nueva energía que fluirá desde bien adentro de nuestra reserva espiritual, siempre y cuando fijemos nuestro objetivo en dirección al cielo.

El Cuidado y Mantenimiento Necesario

Hay otro mensaje en el año nuevo de los árboles. El rabino Gedalia Schorr señala una diferencia entre los árboles y las plantas. A pesar de que los árboles requieren un mantenimiento regular, producen fruta cada año sin que haya una nueva plantación. Por otro lado, para poder crecer, las plantas y los vegetales deben ser replantados cada año.

Sin embargo, si un árbol no recibe el cuidado necesario, morirá. El hombre es como el árbol. Con un buen mantenimiento, no necesitamos comenzar de nuevo desde el principio con cada objetivo que nos planteamos. Podemos construir sobre logros pasados, para llegar aún más alto. Pero, al igual que un árbol, requerimos el cuidado adecuado para evitar el daño espiritual y para volver a crecer.

Tu B’Shvat nos inspira a recordar nuestra similitud con el árbol. Debemos ser cuidadosos y debemos protegernos, para poder alcanzar logros mayores sin tener que comenzar siempre desde cero.

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Tu Bishvat: Año Nuevo de los árboles

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En un principio, el Año Nuevo de los árboles simplemente significaba que a los efectos del diezmo de la producción agrícola que se aportaba al Templo, el día 15 de Shvat señalaba el límite entre los frutos de un año y los del otro: todo lo que maduraba antes de esa fecha todavía se consideraba como del año anterior, mientras que lo posterior a ese día, ya entraba en el cálculo de la nueva cosecha.
Todo esto no es sino reflejo de la importancia que desde los tiempos más antiguos, la tradición judía adjudicaba al árbol como creación de Dios y como fuente de innumerables beneficios para el hombre, puesto que nos brinda su fruto, las hojas, su madera, la sombra de su follaje.
Todavía cuando iban por el desierto, al mando de Moisés, la Torá ya indica al pueblo de Israel que “cuando lleguéis al país (prometido por Dios) y plantaréis toda (clase de) árboles frutales…” (Vayicrá – Levítico 19.23).
Y para el caso de una guerra, cuando las necesidades estratégicas del sitio a una ciudad requieren el uso de abundante madera (para construir torres de asalto de la misma altura que las murallas que la defienden), la Torá prohíbe a los hijos de Israel talar los árboles frutales que encuentren a su paso por allí: “¿Acaso el árbol del campo es como el hombre, para sucumbir ante ti en el asedio?” (Deuteronomio 20.19).
Pero esta ley, tal como la cumplían nuestros antepasados y la siguen respetando muchos hasta hoy, lamentablemente no regía para esos muchos ejércitos extranjeros que siglos después llegaron en sucesivas oleadas para conquistar este país: asirios y egipcios, babilonios y persas, griegos y romanos, musulmanes y cruzados, turcos e ingleses.
AI cabo de tantas guerras, y después de que los judíos fueron expulsados de estas tierras, el país quedó completamente devastado. Durante siglos nadie se ocupó de volver a plantar árboles en reemplazo de los que fueron talados o quemados, y así se convirtió en el gran arenal que el pueblo judío encontró aquí cuando, a fines del siglo pasado, comenzó el moderno retorno a Sión, y que tuvo uno de sus puntos culminantes en el año 1948, con la Declaración de la Independencia del Estado de Israel.
Este retorno estuvo íntimamente vinculado con la reforestación del país -ayudada esta vez por todos los adelantos del siglo XX- y es así como grandes zonas del flamante Estado están otra vez cubiertas de verdor.
Son famosos los bosques que planta el Keren Kayemet Le Israel con fondos recogidos entre los judíos de todo el mundo.