Una célula alemana neo-nazi podría estar involucrada con el asesinato de un rabino

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La policía de Alemania y Suiza están investigando una posible conexión entre el asesinato del 2001 de un rabino en Zurich y una matanza de una célula terrorista neo-nazi.
El rabino nacido en Israel, Abraham Grunbaum, de 70 años, fue asesinado instantáneamente luego de que le dispararan a quemarropa el 7 de junio del 2001 en la sinagoga Agudas Achim, según el periódico suizo Tagesanzeiger.
La agenciad e noticias JTA informó hoy que el crimen fue grabado por una cámara de seguridad, pero con una baja calidad. La policía encontró dos carcasas de balas y colillas de cigarrillos en el sitio. El rabino no fue asaltado, por lo que se considera que el motivo fue el odio.
Una ola de asesinatos que siguieron poco después del asesinato del ortodoxo están siendo atribuidos a una pandilla alemana neo-nazi Resistencia Socialista Nacional. En su totalidad, se cree que el grupo está involucrado en al menos diez asesinatos en toda la década, y la policía está ahora investigando si estuvo relacionado con la muerte de Grunbaum.
La principal arma, que debe ser encontrada, fue registrada en Suiza y supuestamente también fue usada en campos de tiro suizos.
Se sospecha que el grupo, con base en Zwickau, ha tenido conexiones con extremistas del ala derecha suizos. Las fuerzas de seguridad alemanas han pinchado conversaciones telefónicas entre ambos países, y testigos en Alemania han dicho que el grupo usó un vehículo con platos suizos, según el periódico Basler Zeitung.
Revelaciones recientes sobre la Resistencia Socialista Nacional han estimulados llamados a la prohibición del mayor partido extremista del ala derecha alemana, el Partido Nacional Democrático, que tiene cerca de 7.000 miembros.
“Pero prohibir al partido no es suficiente para eliminar de la sociedad dichos grupos”, dijo Burkhard Jungkamp, jefe del Ministerio de Educación, Juventud y Deporte Brandenburg en una actualización ayer de los programas educacionales pro democráticos co-patrocinados por el Comité Judío Americano en Berlín. “Los colegios deben ser lugares en donde la democracia se viva y se aprenda”, dijo, con el objetivo de eliminar de raíz las semillas del odio.
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El viejo continente siempre intolerante

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By JAMES KIRCHICK
Praga
“La noche oscura del fascismo esta siempre descendendiendo en los Estados Unidos y sin embargo, aterriza solo en en Europa.” Asi dijo Tom Wolfe en 1965, y asi es hoy en día.
Varios comentaristas han argumentado recientemente que la oposición de muchos norteamericanos a un centro islámico propuesto a dos cuadras de las ruinas del World Trade Center representa intolerancia religiosa profunda y paranoia. Pero si algun lugar está plagado de creciente intolerancia, no es América sino Europa, el continente cuyo bienestar de los estados y pacifismo son tan admirados por los liberales norteamericanos.
El año pasado, casi el 60% de los suizos votaron a favor de prohibir la construcción de minaretes -todos los minaretes, en todas partes, no sólo cerca de los sitios de los ataques terroristas de la historia universal cometidos por musulmanes radicales.
En Bélgica, la cámara baja del parlamento aprobó una prohibición burka este año que ahora espera la aprobación del Senado. En Francia, esta prohibición se convirtió en ley del país la semana pasada, después de haber sido confirmada por el máximo tribunal del país. Aunque hay razones legítimas para estas prohibiciones, algún apoyo para ellas sin dudas surge de la intolerancia contra los musulmanes.
En los últimos años los partidos de extrema derecha y anti-inmigrantes lo han hecho alarmantemente bien en toda Europa. En Suecia, los demócratas nacionalistas de Suecia entraron al Parlamento el mes pasado por primera vez desde la fundación del partido en 1988. En el Reino Unido, el Partido Nacional Britanico de extrema derecha ganó casi tres veces más votos (563.000) en las elecciones parlamentarias de este año que en 2005, el año pasado ganó dos escaños en el Parlamento Europeo.
En Austria, el Partido de la Libertad, anteriormente dirigido por Joerg Haider, que tenia cosas buenas para decir de los nazis -obtuvo el 17,5% de los votos en 2008. En Francia, el partido Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen, que puso en duda la existencia de las cámaras de gas nazis, antes de admitir que fueron un “detalle” de la Segunda Guerra Mundial, quedó en segundo lugar en las elecciones presidenciales de 2002, ganando un lugar en una segunda vuelta con el entonces presidente Jacques Chirac.
Y ahora la extrema derecha puede estar creciendo de nuevo en Alemania, donde las leyes restrictivas de discurso y los umbrales parlamentarios la han mantenidofuera del Bundestag. Encuestas recientes citadas por la Agencia de Prensa Alemana estiman el apoyo para un partido anti-musulmán en un 20%, lo que sería suficiente para entrar en el Parlamento.
“La caída de los escaños parlamentarios en manos de extremistas representa la mayor reorganización de la política europea desde la desaparición del comunismo”, escribió Denis MacShane recientemente en la revista Newsweek. El Sr. MacShane es miembro del Laborismo del Parlamento británico que se desempeñó como ministro de estado para Europa.
Los europeos desconfían no sólo de los inmigrantes musulmanes, sino de los judios, casi exterminados en el continente hace 60 años. Una reciente encuesta de Pew Global Actitudes encontró que casi el 50% de los españoles disponen de una “muy” o “algo desfavorable” opinión de los judios. Las cifras son un 25% para los alemanes, 20% para los franceses y 10% para los ingleses. Este antisemitismo fue subrayado por la afirmación reciente del Comisario de Comercio de la Unión Europea, Karel De Gucht, que “no es fácil tener, siquiera con los judios moderados, un debate racional sobre lo que realmente está sucediendo en Oriente Medio.”
Así que cuando los liberales norteamericanos critican a sus contrapartes conservadores como intolerantes buscando imponer el fascismo en los EE.UU. (habiendo fallado en hacerlo durante dos mandatos de la administración Bush), ellos ignoran esa parte del Occidente, donde la nostalgia genuina por el fascismo perdura.
Cualquiera que haya viajado por toda Europa sabe que su imagen como un ejemplo de progresismo, y diversidad étnica y religiosa, es una invención de la mente liberal americana.
Los liberales norteamericanos que ignoran la intolerancia europea mientras consideran la oposición a la mezquita en el Ground Zero inexcusable traen a la mente la burlona sugerencia del dramaturgo comunista aleman Bertolt Brecht: “¿No sería más fácil en ese caso que el gobierno disuelva al pueblo y elija otro?”
Durante el debate por la mezquita, la vasta mayoria de los americanos se mostraron siendo capaces de desacuerdo respetuoso. Son los europeos nuevamente, a cuyos impulsos mas oscuros debemos temer.

El Sr. Kirchick es escritor general en Radio Europa Libre / Radio Libertad con sede en Praga, y editor colaborador de la Nueva República.
Fuente: The Wall Street Journal

La difícil situación de los gitanos

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Por GEORGE SOROS

Los romaníes o gitanos han sido perseguidos en toda Europa a lo largo de los siglos. Ahora padecen una forma de discriminación que no se había visto en el continente desde la II Guerra Mundial: los desalojos y expulsiones en grupo en varias democracias europeas de hombres, mujeres y niños con el argumento de que representan una amenaza para el orden público.
La naturaleza paneuropea del problema de la integración requiere una estrategia global
La escolarización segregada es un obstáculo para la integración
La semana pasada, Francia empezó a ejecutar planes de expulsión de todos los gitanos no franceses. Los ha implicado como grupo en actividades ilícitas, pese a no existir ningún proceso legal contra ninguno de ellos para determinar si hubieran cometido delitos o representaran una amenaza para el orden público. Esas medidas francesas siguen al “plan de seguridad” de Italia de 2008, que calificaba a los denominados “nómadas” de amenaza para la seguridad nacional e imponía una legislación de emergencia que propició las expulsiones de gitanos no italianos.
Poner coto a la actividad delictiva es una preocupación legítima de los Gobiernos. Pero expulsar a ciudadanos de la Unión Europea, criminalizándolos por su pertenencia a una etnia determinada, es una violación de sus propias directivas sobre discriminación racial y derecho a la libre circulación de personas entre dos Estados miembros de la UE.
De hecho, constituye un principio jurídico firmemente establecido que solo puede hablarse de delito cuando se ha determinado la culpabilidad de una persona ante un tribunal de justicia. Además, los delincuentes convictos no pueden ser deportados automáticamente si son ciudadanos de otro Estado miembro de la UE, ya que la legislación europea exige que la deportación de un individuo sea necesaria y proporcional al delito cometido. Hay que tener en cuenta, además, otras circunstancias, como la intensidad de los vínculos de la persona con la comunidad, por ejemplo.
Naturalmente, las sociedades europeas no deben tolerar la delincuencia ni el comportamiento antisocial, pero ningún grupo étnico monopoliza semejantes patologías y todos debemos ser iguales ante la ley. Desde la II Guerra Mundial, los europeos han considerado inaceptable someter a grupo alguno a castigo colectivo o expulsión en masa en razón de su etnia. Al dejar de lado derechos fundamentales en nombre de la seguridad, la detención de los gitanos establece un precedente muy preocupante.
El Gobierno francés hace bien, en cambio, cuando pide la adopción de medidas para mejorar el empleo y las oportunidades de desarrollo para los gitanos ensus países de origen (principalmente Bulgaria y Rumania en este caso), lo que reduciría los incentivos y la presión para que se trasladen a otros países. El Gobierno de Suecia reaccionó ante la posición de Francia pidiendo también la adopción de medidas conjuntas de la UE para fomentar la integración de los gitanos.
Los romaníes quieren -y pueden- integrarse si se les brinda la oportunidad de hacerlo, como han demostrado los programas de mi Fundación. La mayoría de los gitanos comparten las aspiraciones de las poblaciones mayoritarias: un hogar con servicios adecuados, una educación válida para sus hijos, puestos de trabajo que les permitan mantener a sus familias y relacionarse con la mayoría en su sociedad. Precisamente porque padecen una discriminación y privaciones atroces en sus respectivos países es por lo que siguen migrando por toda Europa. La UE debe reconocer que la naturaleza paneuropea de ese problema requiere una estrategia global y eficaz para la integración de los gitanos.
El deber primordial de salvaguardar los derechos y el bienestar de todos los ciudadanos corresponde a los Estados miembros de la UE. La aplicación de las políticas y programas para fomentar la integración en el empleo, la educación, la atención sanitaria y la vivienda debe hacerse en los ámbitos locales y nacionales, pero a la UE corresponde un papel decisivo para motivar, coordinar, ayudar financieramente y supervisar esas medidas mediante un plan general de toda la UE.
En 2009, la UE hizo suyo el principio de “prestar asistencia explícita, pero no exclusiva” a los gitanos y la Comisión Europea permitió que se utilizaran los fondos estructurales para financiar las intervenciones en materia de vivienda a favor de comunidades marginadas, centradas en particular en los romaníes. Es una medida bien acogida que debe hacer extensiva “la asistencia explícita, pero no exclusiva” a la educación, la atención sanitaria y el empleo. Lo más importante es que se modifiquen las normas que rigen la asignación de los fondos estructurales para permitir su utilización en la prestación de atención sanitaria y educación desde la primera infancia y no solo para la formación profesional.
La pobreza estructural de las comunidades romaníes está estrechamente vinculada con la deficiente educación y el desempleo. La iniciativa Europa 2020 de la Comisión establece metas concretas para aumentar las tasas de escolarización completa y los niveles de empleo para todos los ciudadanos de la UE. En esas dos esferas, los gitanos están tan rezagados respecto de sus conciudadanos, que las medidas específicas encaminadas a eliminar este desfase deben ser parte integrante del Plan Europa 2020.
La mayor diferencia entre los gitanos y las poblaciones mayoritarias no es cultural ni de estilo de vida -como con tanta frecuencia se presentan en los medios de comunicación-, sino que estriba en la pobreza y la desigualdad. La divisoria es física, no solo mental. La escolarización segregada es un obstáculo para la integración, produce fracasos y es perjudicial. La vivienda segregada ha propiciado la aparición de enormes barrios de chabolas y asentamientos que carecen de saneamiento y otras condiciones básicas esenciales para vivir con dignidad. La difícil situación de tantos millones de gitanos en el siglo XXI constituye una burla de los valores europeos y es un borrón en la conciencia de Europa.
No es un simple problema a corto plazo que se pueda abordar mediante medidas draconianas para trasladar por la fuerza a personas de un Estado miembro a otro. Eso no solo socava los valores europeos y los principios jurídicos, sino que, además, no aborda las verdaderas causas del problema.
Por ser la minoría étnica más numerosa de Europa, los gitanos constituyen dentro de la UE el segmento demográfico más joven y de crecimiento más rápido de la población. Por ejemplo, en el año 2020, los jóvenes constituirán la tercera parte de las nuevas incorporaciones a la mano de obra de Hungría.
Europa no puede permitirse otra generación perdida. Se trata de un asunto de derechos humanos y de valores básicos que es vital para la paz y la cohesión en las sociedades de toda Europa.
George Soros es presidente de Soros Fund Management. © Project Syndicate, 2010