‘Nazificación de Israel’, Antisemitismo soviético y antisionismo de izquierda.

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Extraído de מילים
Por Jaume Bertrán
Hace un año y medio, en Noviembre del 2010, tuve la ocasión de asistir a la presentación del festival Internacional de cine  ‘Memorimage’ en la ciudad de Reus (Tarragona). La película que abría la programación y centraba mi interés era ‘A Film Unfinished‘ de la directora israelí Yael Hersonski, cuya trama se centraba en el análisis de un documental de la propaganda nazi sobre el Gueto de Varsovia. El momento más tenso se produjo al final del acto, durante el turno de preguntas y respuestas, cuando uno de los asistentes del público le preguntó con sorna y cinismo a Yael si también pensaba grabar una película sobre los ‘guetos’ palestinos de Gaza. Ante semejante demonización de Israel y banalización del Holocausto no espere ni a escuchar la respuesta de la joven directora israelí, me fui del acto con un cabreo considerable.
Esta anécdota personal a modo de introducción es sólo un ejemplo de la popularidad que ha adquirido en los últimos años la ‘nazificación’ de Israel y la comparación de los palestinos de Gaza y Cisjordania con las víctimas judías del Holocausto entre la opinión pública europea, especialmente a partir del estallido de la conocida como ‘II Intifada Palestina’ en Septiembre del 2000. En este sentido, podríamos recordar las declaraciones de todo un Premio Nobel de Literatura como José Saramago en las que comparaba la ciudad palestina de Ramallah con Auschwitz o con el Gueto de Varsovia, el populismo anti-israelí de la alcaldesa Susana León Gordillo de Ciempozuelos (Madrid) con su decisión de cambiar los actos en recuerdo del Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto (27 de Enero) por una comemoración del supuesto ‘genocidio palestino’ en el año 2007, las pancartas de los manifestantes seudo pacifistas en las que se compara a Israel con los nazis y se denuncia un supuesto genocidio del pueblo palestino a manos del Tsahal, o las pintadas visibles en muchos campus universitarios españoles en las que se equipara la Estrella de David a la esvástica nazi.
Pintada visible en el campus universitario de Cartuja durante varios meses del año 2009 en la que se equipara la Estrella de David judía con la esvástica nazi.
Aunque de entrada pueda parecer sorprendente, el hecho de que la ‘nazificación’ de Israel sea especialmente popular en círculos de izquierda tiene su lógica ya que estos colectivos se han limitado a una aceptación acrítica de este líbelo antisemita y anti-israelí de la propaganda soviética. De hecho,  es conocida la vieja fobia doctrinal de los marxistas rusos hacía el Sionismo y hacía cualquier otro movimiento que pusiera énfasis en la particularidad o nacionalidad del pueblo judío, como los socialistas del Bund, desde antes incluso de la revolución de Octubre del 1917. En este sentido, el profesor Joan B. Culla cita oportunamente las declaraciones del dirigente comunista Georgii Plekhanov, que describió a los bundistas, defensores de una autonomía cultural judía en una futura Rúsia socialista sin base territorial pero basada en la cultura Yiddish, como “sionistas que tienen miedo a marearse“.
Con estos precedentes, a ningún lector debería sorprenderle que el antisemitismo fuera una constante en la política del novel estado soviético, aunque con altibajos, sin llegar a alcanzar la centralidad que alcanzó en el discurso político nazi en la Alemania del Tercer Reich y negado sistemáticamente por los dirigentes de Moscú gracias al disfraz del antisionismo. En efecto, en la propaganda soviética el movimiento Sionista era convenientemente presentado como un movimiento nacionalista, elitista, burgués y por tanto contrario a los intereses de la clase obrera tanto gentil como judía. El propio Lenin, el padre de la Revolución de Octubre de 1917, llegó a decir que la idea de una nación judía era reaccionaria:
“La idea de un pueblo judío separado es reaccionaria políticamente e insostenible científicamente”. (la situación del Bund en el partido, 1903).
Así, la judeofobia disfrazada de antisionismo existente durante las purgas de Stalin en los años 20-30 volvió a resurgir con fuerza tras el paréntesis de la II Guerra Mundial, a finales de los años 40 e inicios de los 50, al calor de la consolidación de la dictadura estalinista tanto a nivel interno como internacional durante los primeros años de la Guerra Fría. Unos ejemplos de la vuelta al negro pasado antisemita son la disolución del Comité Antifascista Judío y el asesinato de su director, el dramaturgo Solomon Mijoels, en 1948; la campaña antisemita orquestada en Checoslovaquía con la condena y ejecución de Rudolf Slansky y de otros 14 miembros de la dirección del Partido Comunista de ese país (once de ellos judíos); o los planes de deportación de los hebreos soviéticos a Siberia tras el conocido como ‘Complot de las Batas Blancas‘ dirigido supuestamente por el ‘Sionismo internacional’ contra Stalin en 1953.
Al calor de estas oleadas antisemitas en su política interna, de un enfriamiento de las relacines diplomáticas con el gobierno laborista de Ben Gurion y de un paulatino acercamiento a las dictaduras nacionalistas árabes de Egipto y Siria en su polítca exterior, durante los últimos años de la dictadura Estalinista y el mandato de su sucesor, Nikhita Khruschev (1953-1954), la propaganda soviética recuperó la vieja idea de la conspiración judía mundial de los protócolos de los Sabios de Sión e insistió en presentar a todo judío como un espía o un agente participante en una conspiración judeo-sionista mundial en contra de la URSS y en beneficio del capitalismo, del imperialismo estadounidense, del Sionismo y del Estado de Israel. Estas ideas fueron activamente difundidas en los medios de comunicación o en las obras de propagandistas como Trofim Kichko, conocido como el Alfred Rosenberg soviético. Sus dos obras antisemitas más conocidas son ‘Judaism Bez Prikas‘ (Judaísmo sin barniz), publicada por la Academia de Ciencias de Kiev en 1963, y ‘Sionismo y Judaísmo‘ publicada también por dicha academia en 1968. En ambos panfletos, escritos en lengua ucraniana, Kichko escribe perlas antisemitas dignas del antisemitismo Nazi. He aquí un ejemplo:
“In humiliating working people, the Talmud at the same time glorifies persons of wealth; in downgrading agriculture, it praises trade and usury.
According to the Talmud, even the prophet Moses made a fortune through trade machinations which he practiced by speculating with community property. “Moses grew rich by selling pieces of sapphire which broke off during the cutting of the stones for the Ten Commandments,” says the Talmud.
The Talmud morally corrupts people, instilling in them the spirit of commerce and extortion. An example of practitioners of extortion are the priests themselves, the teachers of the law—the rabbis, who supervise adherence to the religious prescriptions which permit common people “to be cleaned like fish.
A finales de los años sesenta y la primera mitad de los años setenta, en el contexto de las Guerras de los Seis Dias (Junio de 1967) y del Yom Kippur (Octubre del 1973), la conjunción entre marxismo clásico, las teorías del anti-imperialismo leninista y el tercermundismo influido por el Panarabismo de Nasser, el movimiento de los No Alineados, la Guerra del Vietnam y la independencia de Argelia, consolidó la idea de la conspiración judeo-sionista mundial de la propaganda soviética en la mayor parte de las corrientes de la izquierda europea y occidental. En efecto, entre los universitarios y la intelectualidad progresista nacida del Mayo del 1968 hizo fortuna la idea de un Israel belicista, expansionista y tentáculo del imperialismo estadounidense en Oriente Medio frente a una visión de los aliados de la URSS (La OLP y las dictaduras nacionalistas árabes de Egipto, Siria e Iraq) como potencias revolucionarias y en vanguardia de la lucha antiimperialista por los derechos de los pueblos oprimidos del Tercer Mundo. A partir de ese momento -y parafraseando al profesor Joan B. Culla- junto al poster o la camiseta del Che Guevara irrumpió con fuerza como prenda reivindicativa de muchos jóvenes de izquierda el Kefieh o pañuelo palestino.

El che Guevara y la iconografía palestina: dos símbolos de la confluencia en la izquierda del marxismo, el antiimperialismo leninista y el tercermundismo desde finales de los años sesenta.
Si hasta ese momento la propanda antisionista soviética se había limitado a copiar los mitos de la vieja judeofobia tradicional zarista (especialmente la idea de conspiración judía mundial) pero adaptándola a los nuevos tiempos, a inicios de los años setenta, los dirigentes de Moscú dieron un paso más en la legitimación del odio y pusieron su granito de arena en la creación de un nuevo mito antisemita: la conspiración judeo-nazi durante la II Guerra Mundial con la finalidad de llevar a los kibbutzim de palestina a los judíos europeos útiles y deshacerse de los inútiles, de los ancianos, de los niños o de los que no mostraban simpatia con el Sionismo. En conclusión, si los sionistas colaboraron con los Nazis durante la II Guerra Mundial en el exterminio de su propio pueblo, el Sionismo es el heredero del Nazismo y, por tanto, es un movimiento ideológicamente racista y fascista, comparable por ejemplo a la Suráfrica del Apartheid.
 Este nuevo libelo, al igual que el resto de la propaganda antisemita camuflada de antisionismo, encontró un ámplio eco en los medios de comunicación y en las publicaciones oficiales soviéticas y de los satélites de Moscú.  Sirva de ejemplo el siguiente fragmento de un ensayo de Anatoly Kudof sobre Sionismo y Nazismo, publicado en Enero de 1971 en la revista moscovita ‘Literaturnaia Rossia‘, donde se recogen unas supuestas declaraciones del Presidente del Movimiento Sionista, Jaim Weizmann, a los miembros de la Comisión Peel en 1937:
 ”¿Saben ustedes [se pregunta retóricamente Kudof en imaginario diálogo con sus lectores] lo que este idealista [Jaim Weizmann] le contestó a la Real Comisión Británica cuando le preguntaron sobre la posibilidad de enviar seis millones de judíos de Europa Occidental a Palestina para salvarlos del terror nazi? Lean atentamente este credo de los sionistas: ¡No! ¡Que perezcan los viejos. Son polvo, el polvo económico y moral del gran mundo .
 La Nazificación del Sionismo tenía un doble objetivo: en clave interna soviética justificar ante la población las medidas represivas del Kremlin contra los judíos y en política internacional convertir a Israel en un paria internacional. Y estuvieron a punto de conseguirlo: el día 10 de Noviembre de 1975, gracias al voto de los países del mundo árabe-islámico, de los países del bloque socialista y de algunos países africanos del bloque de los no alineados, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó por 72 votos a favor, 35 en contra y 32 abstanciones (entre ellas, la de España), la resolución 3379 que consideraba la “ideología sionista como una forma de racismo y de discriminación racial“. Como acertadamente indica el profesor Joan B. Culla, el objetivo de la misma no era la crítica a la política de un determinado gobierno israelí sino deslegitimar de raíz las bases doctrinales del Sionismo y de la existencia de Israel. No es casualidad que dicha resolución siguiera vigente hasta los últimos estertores de la Guerra Fría, hasta mediados de Diciembre de 1991, cuando fue anulada con la aprobación de otra resolución, la 4686, en la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Los aparatos de propaganda soviéticos impulsaron la rápida difusión de este libelo (y del resto de su propaganda antisionista) en los países árabes con un notable éxito. De hecho, dos décadas después del fin de la Guerra Fría y de la desintegración de la URSS, los mitos de la Nazificación de Israel y de la conspiración judeo-nazi, unidos a una postura banalizadora o abiertamientamente negacionista de la Shoah, siguen teniendo una gran influencia en la opinión pública de esos países y han inspirado concursos de dibujos, canciones, congresos negacionistas (como el organizado por el presidente Mahmoud Ahmadineyad en Diciembre del 2006), tesis doctorales como la de Mahmoud Abbas, centenares de artículos, caricaturas de prensa o contenidos de programas de radio-televisión como este de Al-Aqsa TV, canal televisivo vinculado al Hamas:
Volviendo nuevamente a Europa, tras la Guerra del Yom Kippur (octubre de 1973) y la crisis del económica provocada por el boicot de los países árabes, la visión pro palestina del conflicto asumida por la izquierda también es aceptada en muy buena medida por la diplomacia europea -con Francia a la cabeza- especialmente a partir de la celebración de la Primera Cumbre del Diálogo Euro-Árabe en Rabat en 1974. En pocos años, años, la OLP ganó respetabilidad entre la opinión pública occidental y su presidente, Yassir Arafat, fue recibido con honores de jefe de estado por líderes europeos como el Primer Ministro austriaco Bruno Kreisky, el presidente del gobierno español Adolfo Suárez o su colega francés, el Presidente François Mitterrand. Sin embargo, pienso que estos factores por si solos no explican la popularidad que ha conseguido en estos últimos años la ‘Nazificación’ de Israel en nuestra opinión pública e incluso en nuestra prensa, revistas y medios de comunicación en general.  Me da la impresión de que detrás de esta idea de presentar como los ‘nuevos nazis’ a los supervivientes del Holocausto y sus descendientes israelíes se esconde una tentativa -quizás inconsciente- de exorcizar la culpa europea por el antisemitismo y el Holocausto. En palabras de la periodista Pilar Rahola:
“Con su adscripción maniquea y acrítica al victimario palestino, Europa se exorciza de su propia culpa, la niega hasta hacerla desaparecer. Ya no se trata de ser indiferente como recriminaba Broch. Ahora se trata de ser el dedo acusador, linda manera de dejar de ser culpable…”
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La "Zionofobia"

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Por Guido Maisuls

Cartas desde Israel

El Profesor Yahuda Pearl, padre del periodista Daniel Pearl (secuestrado, torturado y asesinado en Pakistán por terroristas islámicos en el 2002), se ha dedicado a la difusión y utilización de un novedoso término, una herramienta lingüística tan necesaria en estos tiempos del pensamiento globalizado: La “Zionophobia”, castellanizado como Zionofobia.Los especialistas expresan que una fobia es la personificación del pánico o miedo que manifestamos cuando tenemos un sentimiento de odio o rechazo hacia algo o alguien. Ejemplos de fobias abundan. La Xenofobia: temor y odio a los extranjeros o extraños. La Islamofobia: temor y odio a las culturas islámicas o musulmanas. La Judeofobia: temor y odio hacia lo judeo. Y tantas otras, imposibles de enumerar.
Los Psicólogos y Psiquiatras han llegado a la conclusión que uno de los elementos básicos de la fobia es el prejuicio, la tendencia a juzgar de antemano, a “pre-juzgar”, a emitir juicio sobre un tema u objeto antes de analizar las evidencias o las experiencias previas.
La Zionofobia es el miedo extremado e irracional a la existencia del Estado de Israel, que en lo superficial se manifiesta como rechazo y odio acentuado a la presencia de una nación judea en la tierra de Israel.
Podríamos pensar que es lo mismo que hablar de antisionismo o de la negación al pueblo judeo a tener su propia patria pero su verdadero significado es mucho más profundo e irracional de lo que aparenta.
Los Zionófobos más conocidos en la actualidad son ciertos personajes muy definidos como Yasser Arafat, Mahmud Ahmadineyad, Hasan Nasralah, Ismail Haniyeh. Otros encubiertos tras una careta progresista como José Saramago, Mikis Theodorakis, Eduardo Galeano, etc. pero también entre los peores Zionófobos se encuentran judeos muy cultos y prestigiosos como: Noam Chomsky, Norman Finkelstein, Ilan Pappé, Philip Weiss, los Naturei Karta y tantos otros que proclaman orgullosos al mundo sus irrefrenables deseos concientes e inconcientes de la desaparición definitiva de Israel como estado judeo y democrático.
¿Qué es la Zionofobia?
ü Es la actitud prejuiciosa de jefes de estado, clérigos, diplomáticos, periodistas y formadores de opinión de juzgar al Estado de Israel y a sus fuerzas de defensa, con parámetros inquisitorios y descalificativos que no utilizan con otras naciones y ejércitos del mundo en similares circunstancias.
ü Es la fijación obsesiva de jefes de estado, clérigos, diplomáticos, periodistas y formadores de opinión de centrarse en el conflicto árabe israelí y en las acciones de Israel como si fuera el único, el mas sangriento y el mas violador de los derechos humanos, ignorando o minimizando el genocidio ruso en Chechenia que ha exterminado alrededor de 100.000 ciudadanos o el reciente genocidio en Darfur en el que 750.000 sudaneses han fallecidos por el hambre y la masacre.
ü Es la motivación irracional de prestigiosos académicos, profesores universitarios, grupos de derechos humanos para demostrar los supuestos propósitos racistas, genocidas e imperialistas del ideario sionista de seguir construyendo el hogar judeo en la tierra de sus ancestros.
~ Es la expresión encubierta de la judeofobia de todos los tiempos, de los nazifacistas tradicionales, del actual islamofacismo fundamentalista, de los pseudo progresistas de la izquierda antisionista y del fenómeno del auto odio patológico de numerosos intelectuales judeos.
~ Es la necesidad justificatoria de los negadores de la Shoá, de los banalizadores del genocidio nazi de acusar al movimiento sionista de haber utilizado el evidente exterminio de millones de personas como un excelente pretexto para despojar de sus tierras a los supuestos auto refugiados palestinos y a las naciones árabes.
~ Es la manifestación solapada del racismo globalizado. Así como el racismo blanco niega a los hombres de color sus derechos básicos. Así como el Islam fundamentalista niega a las demás creencias su razón de ser. Así como el nazismo niega el derecho a la vida a los judeos, gitanos, discapacitados y homosexuales. Los zionófobos le niegan al pueblo de Israel el derecho inalienable a crecer y realizarse en su tierra ancestral. La zionofobia es racismo porque es una simple y burda expresión de antihumanismo.
~ Ahora, usted tiene la palabra.